La Economía Circular no es una moda

La Economía Circular no es una moda, es una revolución, y ha llegado para quedarse. Plantea un sistema empresarial basado en un modelo industrial restaurativo, alimentado por energías renovables y sin productos tóxicos ni residuos. Busca modelos de negocio que se ajusten a las necesidades del SXXI: económicamente viables, eficientes y con un impacto social y ambiental positivo.

La pregunta inmediata que surge de este planteamiento es: ¿Cómo lo vamos a hacer? ¿En qué dirección debemos ir para conseguir este reto?

La Economía Circular quiere imitar la naturaleza y por ello crea ciclos a lo largo de la cadena de valor que, de más corto a más largo, permiten el mantenimiento, reutilización/redistribución, restauración/re-manufactura y reciclaje de productos.

Representación de la Economía Circular por la Fundación Ellen MacArthur

Estos ciclos aseguran la reintroducción de materias primeras en el circuito productivo y la disminución, tendiendo a cero, del residuo final.

En definitiva, se trata de recuperar algunas de las actividades abandonadas durante el boom del ‘usar y tirar’

-¿Recordamos cuando retornábamos los envases de vidrio, o cuando reparábamos los electrodomésticos o las teles? -

En esa economía, el reciclaje era la última de las opciones posibles. En esa dirección vamos, pero adaptada al SXXI, y usando la tecnología, la investigación y la innovación para buscar las mejores soluciones posibles.

El plástico es uno de los productos estrella del SXX y de la economía actual, también uno de los que menos se recicla y más impacto ambiental, social y económico genera. Es el emblema de lo que se define como una economía lineal.

Se estima que sólo el 14% del plástico del envasado se recoge para su reciclaje, y que entre 80 y 1201 millones de dólares se pierden en esta práctica de usar y tirar. Y aquí está una de las oportunidades que nos plantea la Economía Circular: buscar nuevas fórmulas viables bien para eliminar el uso de envases, bien para reintroducir estos materiales en la cadena de valor usando el ciclo más corto posible. Se han descrito varias opciones, algunas de las cuales son:

  • Recuperar y reutilizar un envase para la misma función. El ciclo de reintroducción es la reutilización, donde se desplaza el envase desde el usuario final hasta la misma empresa empaquetadora para su recarga.
  • Recuperar i reutilizar un envase para una función con demandas cualitativas inferiores, o sea, que permita usar envases más degradados. En este caso el ciclo va desde el usuario final hasta la otra empresa empaquetadora para su recarga, o revalorizadora para su reutilización.
  • El reciclado químico implica destruir el envase para producir uno de nuevo. Lo que convencionalmente entendemos como reciclado. En éste el ciclo dentro la cadena de valor es mucho más largo, se desplaza desde el usuario hasta la empresa de reciclaje.

La viabilidad de estos ciclos se sustenta principalmente en la recogida de los envases una vez usados, y en la homogeneización de los tipos de materiales usados. Estos aspectos son, hoy en día, aún un reto importante a superar en el que la sociedad, las empresas y los centros de I+D deben implicarse. También podemos pensar en envases totalmente biodegradables, o en la reducción del uso de envases mediante la venda a granel.

Hay muchísimas posibilidades, todas ellas beneficiosas para las empresas y la sociedad.

Ya son muchas las empresas que aprovechan las oportunidades de negocio que ofrecen la Economía circular y la Sostenibilidad empresarial. Veamos un par de ejemplos innovadores existentes en el mercado:

  • Todos conocemos las cápsulas de café de Nespresso, que tuvieron una gran acogida en el mercado pero también graves consecuencias ambientales: más residuos sólidos de difícil recuperación y separación. Nestlé decidió poner en marcha una estrategia ambiciosa de recogida y reciclaje integral de sus cápsulas a nivel mundial. Actualmente recoge y revaloriza el 86% de las cápsulas de café, pero su objetivo está en el 100%. Esta estrategia le ha supuesto un horro del 95% de la energía necesaria para producir aluminio como materia primera para nuevas cápsulas, además de la revalorización de los restos de café en forma de combustible para calderas de biomasa o compost de alta calidad, y del plástico para la fabricación de mobiliario urbano.
  • En el mundo del plástico, GCR Group tiene una línea de producción de compuestos industriales de polietileno, polipropileno y etilvinilacetato derivados de la recuperación de materiales plásticos como materia primera (Cíclic) que, junto al uso de fuentes de energía verdes y una tecnología de bajo consumo energético, le ha permitido una reducción de la huella de carbono de hasta el 70% respecto un polímero convencional. Además ha desarrollado una línea de revalorización de este plástico mediante la adición de cargas minerales (Granic) y una formulación libre de metales pesados. En definitiva, plástico más limpio y 100% reciclable que aporta ahorros económicos y reducción de los impactos ambientales claros, así como el posicionamiento de la marca en el sector.

Sin duda alguna, el mundo que conocemos se transformará en un mundo sostenible, donde la economía circular, la fiscalidad verde, o la responsabilidad social corporativa serán clave para una adaptación empresarial beneficiosa, con oportunidades de ahorro económico e innovación en el modelo de negocio.

Vale la pena plantearse como aprovecharlo.

 

1 billón americano, mil millones.

 

Barcelona 5 de julio de 2017
Ariadna Benet Mònico
Fundadora AdN Sostenible
Consultora en Sostenibilidad y Economía Circular

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