Las políticas de eficiencia energética reducen hasta un 40% el gasto de suministros de las empresas

La inversión en medidas que ayuden a disminuir los consumos de agua, gas y electricidad tiene un retorno de una media de tres años.

Hoy en día, y más aún debido a la situación económica actual, las empresas necesitan planes de ahorro que les ayuden a disminuir sus costes. Pese a que las políticas de sostenibilidad y de reducción del impacto medioambiental van ganando presencia en el ámbito empresarial, no existe, sin embargo, una clara conciencia de que un consumo eficiente de energía implique un ahorro muy significativo en los costes totales de una empresa. Según datos de Ipsom, si las empresas desarrollaran un plan de eficiencia energética podrían ahorrar entre un 20 y un 40% en sus costes de suministros.

Un consumo adecuado de agua, gas y electricidad conlleva una reducción del gasto y una mejora del beneficio y la competitividad. La inversión en implantación de políticas de ahorro energético en una empresa tiene un retorno de una media de 3 años.

Así, por ejemplo, una inversión destinada al ahorro de 10 millones de euros, proporcionará una rentabilidad de 3,3 millones al año. Actualmente, en el mercado no existe nada que ofrezca tanta rentabilidad como invertir para ahorrar.

Para conseguir ese ahorro en los costes es necesario contar con un plan adaptado a las necesidades de la empresa. De esta forma, puede conseguirse ya un ahorro de entre un 10 y un 18% únicamente con la negociación y gestión adecuada de las tarifas contratadas. Por otro lado, con un uso, por ejemplo, de motores eficientes y regulados energéticamente, el ahorro puede superar el 30%.

Otro de los aspectos que no suelen tenerse muy en cuenta es el aislamiento térmico: si en una oficina, o en una nave, etc., no existe un aislamiento térmico adecuado, el malgasto de energía es enorme. Por otro lado, una renovación de los equipos lumínicos por otros más eficientes como iluminación LED, sensores de luz, etc., puede suponer una reducción del gasto de hasta un 60%.

En definitiva, una inversión en un plan de ahorro energético implica no sólo una reducción de los costes globales de la empresa, sino también un aumento de la competitividad de la empresa. Por ejemplo, según datos de Ipsom, una empresa con una ratio de beneficio sobre ventas del 10%, con un consumo energético del 5%, al reducir el consumo energético en un 20% mejora su competitividad y su beneficio en un 10%.