Europa tropieza en los primeros pasos hacia “una Europa limpia para todos”

La transición hacia una energía limpia está cambiando los mercados mundiales de la energía, razón por la que el pasado 30 de noviembre se presentó en Bruselas la propuesta legislativa de “Energía limpia para todos los europeos”, una serie de medidas para asegurar el liderazgo de Europa en esta transición energética.

Lo han llamado “paquete de invierno” y tiene en cuenta el compromiso que se pactó en el Acuerdo de París de reducir las emisiones de CO2 un 40% de cara al 2030, además de la intención de priorizar la eficiencia energética y prestar un trato justo a los consumidores. Justo en lo que refiere a mayor oferta de suministro, al acceso de herramientas de comparación de precios de la energía fiables, a  la posibilidad de producir y vender su propia electricidad y a la creación de medidas destinadas a proteger a los consumidores más vulnerables.

Estas propuestas tienen además el propósito de demostrar que la “energía limpia” es el sector de crecimiento del futuro, donde está el dinero inteligente que, aseguran, puede generar un aumento de hasta el 1% del PIB durante la próxima década, además de crear 900 mil nuevos empleos.

Hasta aquí, los objetivos son ambiciosos y nos conducirían hacia a un mundo energético más sostenible, justo y transparente, pero los hechos parecen ir en otra dirección. Han pasado dos meses y nos encontramos con algunas contradicciones. Por un lado, vemos que Europa ha renunciado al liderazgo al mantener el objetivo del 27% de renovables y seguir defendiendo combustibles no renovables para el transporte. Los intereses electorales de Alemania, el lobby europeo del gas ruso y la presión de Euroelectric han conseguido pagos por capacidad para la energía fósil y limitación de prioridad de despacho a las renovables. A la vez que se presentaba el “paquete de invierno”, Bruselas autorizó a Gazprom a bombear un 50% más de gas a Europa, logrando para el 2016 un récord histórico de importación de gas ruso. En cuanto al autoconsumo, factor clave de la propuesta, se ve amenazado con trabas legislativas en algunos países como España, además de competir con esta  “energía de respaldo” que es innecesaria y encarece desproporcionadamente los costes del sistema eléctrico y del gas.

A todo esto, mencionar que la Comisión Europea deja la trasposición del “paquete de invierno” a los gobiernos nacionales, que deberán presentar en 2019 planes integrados de energía y clima, además de su hoja de ruta hacia el camino de cero emisiones para el 2050.