La cumbre de clima de Lima. Un paso más hacia París.

Seguimos avanzando, quizás lentamente y de forma poco clara en la reducción de las emisiones de toneladas equivalentes de CO2. Estamos hablando de responsabilidad y firmeza. Se espera esto de la Cumbre de París, en noviembre del 2016, responsabilidad y firmeza en la reducción de emisiones.

En el marco de la cumbre sobre el cambio climático realizada en Lima (Perú) a inicios de este mes de diciembre, se ha conseguido evitar el fracaso de la misma con la aprobación (después de 14 días de largas jornadas) de un acuerdo en el que todos los países deberán entregar un documento presentando su compromiso en la contención de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) , ya sea mediante su reducción o su limitación, siendo éste último el caso de China, que por primera vez da su brazo a torcer y se compromete con Estados Unidos para frenar sus emisiones con fecha límite en el año 2030.

Este documento preliminar deberá ser entregado “si es posible” el 31 marzo y si no, antes de La Conferencia de las Partes (COP) de París, que tendrá lugar en Le Bourget, entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre de 2015, para ser revisado por la ONU y realizar una síntesis de los diversos compromisos (acuerdo que entrara en vigor en 2020).

La gran novedad de esta cumbre es la participación de todos los países, que por primera vez estarán unidos por el mismo compromiso, la reducción y la limitación de sus emisiones, que hasta el momento siempre había recaído en lo más desarrollados, responsables del 80% de las emisiones globales.
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Fuente: Banco Mundial

Hasta el momento, uno de los principales problemas para alcanzar acuerdos en las cumbres anteriores ha sido la gran disparidad entre las situaciones particulares de cada país, los países occidentales, altamente industrializados, han sido los principales responsables de las emisiones vertidas hasta el momento. Por el contrario, los países más subdesarrollados no consideran justo que tengan que realizar ahora esfuerzos económicos para frenar sus emisiones cuando no han sido responsables de la situación presente.

Para ‘solventar’ esta situación, y ayudar a los países más pobres (y menos responsables) en la financiación de las actuaciones necesarias, se ha acordado la creación de un Fondo Verde que se ha valorado que deberá ser de 100.000 millones de dólares, de los cuales, tan solo se han comprometido hasta el momento 10.000 millones…la pregunta es, ¿de dónde saldrá el dinero restante para completar el fondo? La respuesta deberíamos tenerla antes del 2020.

La próxima cumbre será la de París, y el primer acuerdo importante debería ser la fórmula jurídica que tendrán los acuerdos allí alcanzados. Se proponen 3 opciones: 1) protocolo (similar al de Kioto) con compromisos vinculantes a nivel jurídico, 2) instrumento legal o 3) resultado acordado, los 2 últimos más flexibles y con carácter voluntario para los países.

Debido a la falta de compromisos concretos de las partes implicadas y a la debilidad de los textos aprobados en Lima, todas las esperanzas están puestas en París. Allí se deberá plantear una estrategia ambiental que reemplace el ya ineficaz protocolo de Kioto. Todos los esfuerzos estarán focalizados en cumplir el objetivo de no superar en 2 °C la temperatura global a final de siglo y para conseguirlo será necesario reducir las emisiones entre un 40 y un 70% en 2050.

Es importante resaltar que las actuaciones se habrían de desarrollar lo más pronto posible, ya que estas no generan un cambio inmediato, así como se puede ver en la gráfica siguiente.

 

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Queda más que patente que la no puesta en marcha de estrategias mitigadoras comportará consecuencias catastróficas y el cambio climático será irreversible tal y como nos anuncia el informe “Climate Change” elaborado por 800 científicos del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático).